INTRODUCCIÓN

Conflictos sentimentales, educación... Me gustaría desde este blog ir aportando mi experiencia en la vida para que otras personas puedan verse a sí mismas desde mi punto de vista. Carezco prácticamente de prejuicios morales, religiosos y sociales que intervengan en mi visión de los sentimientos, no digo lo que no siento, y veo como cada día los decaimientos morales, engaños, infidelidades, mentiras hacen que relaciones humanas y la propia autoestima se vaya deteriorando, haciendo más infelices a las personas.

Cuéntame tu historia (sin nombres, sin direcciones y sin datos relevantes) y yo te daré otro punto de vista, mi sincero parecer que quizá te ayude a sobreponerte a tu desdicha, a salir de ese callejón depresivo y que ojalá te devuelva la felicidad merecida de todo ser humano.

Hijosbloggers.com


Internet. Por mi afición y mi trabajo, defiendo a capa y espada esta maravillosa tecnología como un excelente sistema de trabajo y de ocio, Veo en Internet un potencial de libertad e intercambio cultural infinito, pero también, intrínseco en su potencial, veo su peligro. Además de los innumerables desastres sociales en los jóvenes de que he tenido constancia: (también en adultos, pero ese tema lo trataré en otra ocasión) dependencias, introversiones, “dessocialización”, etc., quiero aportar un nuevo grano de arena y con él alentar a padres y profesores a que tomen partido. Me refiero a la educación informática. Es importantísimo que nuestros hijos tengan un contacto permanente en las escuelas con la informática, ya que en su futuro profesional jugará un papel primordial. Es a la vez una herramienta de apoyo docente con un futuro prometedor inimaginable, pero temo al desconocimiento entre los jóvenes de sus peligros. Es bien sabido, que nuestros hijos, en muchos casos, saben más de Internet y de sus entresijos que los padres, y por ello no pueden tener un control suficiente sobre él  ‑como mucho ponen un límite en el tiempo de uso del ordenador- y menos sobre su contenido; dejaremos de lado en esta ocasión los peligros derivados de contenidos perjudiciales por su contenido violento, sexual o de procedencia engañosa. Quiero hablar de la participación de nuestros hijos en la red. Algunos jóvenes, cada vez más, tienen un blog o fotoblog personal en el que, a forma de diario, cuentan sus aventuras y desventuras diarias (www.blogissimo.es, www.fotolog.com, www.facebooc.com, www.myspace.com, www.tuenti.com, etc.). Nosotros, los padres, normalmente desconocemos su existencia. ¿Dónde está el peligro? En los datos. Siguiendo uno de estos diarios electrónicos podemos conocer con mucha exactitud las preferencias de un adolescente autor, con quién anda, por dónde se mueve, dónde vive y un sin fin de datos personales que recogidos por cualquier desalmado sin escrúpulos puede poner en peligro vital a nuestros hijos, sin contar que el mal uso de las fotografías, tan fácil de copiar y modificar digitalmente está a la orden del día. Aquí viene el trabajo de los educadores y principalmente de las escuelas. Son los colegios, por su capacidad y posibilidades para trasmitir estos riesgos, los que deben educar en la precaución, a padres y alumnos. Tienen la obligación moral de explicar que los beneficios de Internet tienen un grave riesgo, que las claves de acceso con que tienen, en algunos casos protegida su información personal, es relativamente fácil de vulnerar, que sus amigos pueden ser gente honrada, pero no conocen a los amigos de sus amigos y menos a los amigos de estos por donde se va ampliando el círculo de vínculos a su bitácora. A los padres es mucho más difícil aleccionar en este tema, pero los alumnos, que tienen clase de informática son más accesibles. Mis hijos, en clase de informática nunca han recibido esta educación. Acceder a los padres es una labor ardua, ya que por mucho que se organicen escuelas de padres, lo habitual es que asistan los que menos lo necesitan; los menos involucrados en la educación de sus hijos y los que realmente necesitarían esta educación para padres, esos nunca asisten.

Hijos y tecnología.

Ya podemos decir que los hijos vienen con un PC bajo el brazo. Todos nuestros hijos van a la escuela, practican o tienen la posibilidad de practicar un deporte, comen bien, a veces, no tan bien, en una hamburguesería o en una pizzería, tienen una videoconsola, un móvil, un ordenador, algunos una televisión en la habitación. Lo tienen todo y los padres nos sentimos obligados a darles más para que no sientan ser menos, frente a sus compañeros. Cada día se nos pasa por alto la cordura y creemos que nuestros hijos deberían tener, como mínimo, lo mismo que sus amigos. A veces lo hacemos para que nosotros mismos podamos equipararnos con los demás. ¡Que pena! Tenerlo todo se ha convertido en una obligación y nos hacen sentirnos mal cuando no podemos comprarles la marca de ropa que todos llevan, o cuando no les dejamos hacerse un tatuaje o ponerse un piercing. Claro que nos gusta que nuestros hijos puedan disfrutar de todo lo que ofrece la vida, pero debemos ser: en primer lugar honrados con nosotros mismos y diferenciar nuestros deseos y nuestra vanidad de la de nuestros hijos, y en segundo lugar aprender a educar a esos enanos amorosos en el reconocimiento de lo material como algo superfluo y carente de sentimiento. Enseñarles que las cosas tienen un valor económico y suponen un esfuerzo conseguirlas, tanto para nosotros como para ellos, los artilugios y juguetes no se obtienen al pedirlos, deben ser el premio a una acción positiva o a un esfuerzo. Enseñarles también que no se debe buscar la felicidad en la posesión de bienes materiales, en la búsqueda de la opulencia ni en la competencia con sus compañeros. –Yo tengo uno mejor que el tuyo y por eso soy mejor.  Las cosas materiales pueden desaparecer o pueden no estar a nuestro alcance y, en estos casos, crear infelicidad. La felicidad de las cosas materiales está en saber disfrutar su “usabilidad” en cada momento. El problema o un problema aparece cuando otro amigo tiene algo mejor que tu, entonces olvidan y olvidamos la felicidad que supuso el día que lo recibimos, tornándose en envidia que desemboca en infelicidad. Hay que aprender a disfrutar de lo que tenemos y no vivir con la ansiedad de conseguir lo que nos gustaría tener.

Por otro lado, y hablaré más en otro tema, hay que cuidar el uso o mal uso que hacemos o hacen de los bienes materiales. Puede provocar dependencias.