La familia.

Existen infinidad de fórmulas de agrupación sentimental que pueden ser válidas, pero nos centraremos en la tradicional española por ser la más cercana a mi y por que además es un modelo de agrupación sentimental con el que me siento cómoda. No es la familia en sí una imposición social si no voluntaria en lo que a mi se refiere. En mi familia, cada componente tiene la libertad de ser parte de ella o de desvincularse. Yo me refiero a familia como personas que por el tiempo que hemos compartido la vida, se ha creado un cariño especial que se mantiene permanentemente y desinteresadamente, solo hace falta querer, participar y ofrecer respeto y cariño a quien quieras. Por eso, para mi la familia puede aumentar y disminuir constantemente. Los principales valores que debe gobernar una familia son: la libertad y el respeto. Cierto es que los padres tienen que educar a los hijos, pero siempre desde el cariño y el deseo de pertenencia a esa familia.

Cuántas veces no son más familia unos amigos que tus propios hermanos, hay que distinguir claramente entre la familia oficial y la sentimental.

La salud

Este sea quizá el más incontrolable de los estados humanos, aunque hay quien aboga por un control de la salud basado en la actitud. No entraré en este tema, quizá en otra ocasión. Nos centraremos en lo que es. Existen enfermedades pasajeras de las que solo podemos contar los días que pasan como uno menos de dolor, pensar en la pronta recuperación y vuelta a la vida plena. Por otro lado las enfermedades crónicas, con las que debemos vivir el resto de nuestra vida. Estas tendremos que aceptarlas sin buscar culpables, pues aunque los encontráramos, no aliviaría nuestro dolor. Por más que nos quejemos solo conseguiremos entorpecer la posible alegría de las personas que nos rodean e incluso molestar, y con ello dejaremos de recibir buenas vibraciones de los demás. A todo estado de incapacidad física, debemos buscarle un lugar un hueco donde sacarle un buen partido. Aprovecharemos con más fuerza los momentos de menor dolor. Transmitir nuestra angustia con el fin de atraer el consuelo de los demás creo que es egoísta y deshonesto. Dice J. M. Serrat “Mis amigos son gente cumplidora que acuden cuando saben que yo espero. Si les roza la muerte disimulan. Que pa' ellos la amistad es lo primero”

La libertad

Es demasiado común confundir la libertad con el hacer lo que quiera. La libertad, para mi, es un sentimiento, un estado de conciencia. Hablaremos pues de sentirse libre. Esta sensación es parecida a la de andar desnudo sin pudor. Actuar sin miedo, con la honestidad, la verdad y el respeto por bandera. El primer paso para conseguir esta emocionante sensación de libertad pasa por reconocerte a ti mismo como lo que eres y mostrarte así. Si alguien te ha de querer, que te quiera a ti y no a lo que representas. Deberás aprender a ser infinitamente humilde, a pedir perdón, a descartar el odio y el rencor. En definitiva, necesariamente deberás no tener nada pendiente en tu interior. Si tienes malas sensaciones hacia alguien, habla con esa persona si puedes o asume las consecuencias, pon solución y sigue viviendo. Busca la mirada limpia, la sonrisa permanente y la alegría de vivir. La vida que has de vivir está dentro de ti y se compone de diversas sensaciones que tenemos que convertir siempre en favorables. La vida que se desarrolla a nuestro alrededor no es nuestra vida, solo son nuestras circunstancias y nosotros las convertimos en buenas o malas sensaciones según nuestro propio criterio. Si no nos gusta lo que sentimos, podemos cambiar el criterio que las hace dolorosas o bien sacar un aprendizaje positivo de una mala experiencia.

La felicidad

Este estado de ánimo, nada tiene que ver con lo material, con la situación social en la que nos desenvolvemos ni con la felicidad de los demás. La felicidad pura, según mi parecer es algo que se alcanza en el interior de cada uno. Liberarse de prejuicios de obligaciones sociales y de deudas sentimentales. La infelicidad tiene mucho que ver con la mentira, no con las que se cuentan a los demás si no con las que nos hacemos a nosotros mismos. Estas son las más difíciles de aceptar y en ocasionen necesitamos de un amigo para descubrirlas, por eso la humildad nos permite reconocer nuestras falsedades. En ocasiones justificamos nuestras acciones en una mentira, en un razonamiento sin fundamento, en una tradición, en una moda o en una costumbre sin pararnos a pensar en la verdadera razón, sin analizar los sentimientos verdaderos que provoca en nosotros. Otras veces mentimos para que el que nos conoce nos crea felices, por miedo a perder el reconocimiento de los demás. Esto conlleva una falsa felicidad, todos nos creen felices mientras nosotros, a quienes nos debemos la máxima sinceridad nos hundimos en la infelicidad. Mírate en un espejo y hazte la pregunta más cruda que puedas; verás lo que cuesta contestarse con honradez. Si lo consigues empezarás a ser algo más feliz.

Los hijos

En ocasiones tenemos descendencia sin pararnos a pensar en las consecuencias que ello supone. La sociedad nos presiona para llevar una vida estándar; matrimonio, hijos, estabilidad, perdurabilidad, nietos y vejez. Pero esto no siempre se corresponde con nuestra idea de una vida plena. La decisión de tener un hijo es algo inmenso, es una acción que modificará nuestra forma de actuar y nuestros sentimientos. Cuando decidimos traer al mundo una nueva vida, deberemos de ser consecuentes ello, nos obligamos de por vida a educarlo y a sentir sus alegrías y sufrimientos. Creo que nuestra obligación como educadores es muy simple y a la vez muy difícil. Debemos enseñarles a ser libres, honestos y consecuentes, evitar inculcar modos de actuar en los que nuestras decisiones y nuestra experiencia sean el único referente es su vida, conseguir que obtengan sus propios criterios, que aprendan a analizar las circunstancias, que tomen sus propias decisiones aunque se equivoquen y que asuman las consecuencias que de ellas se deriven. Nuestra labor como educadores se debe ceñir únicamente a enseñarles nuestro punto de vista y nuestra experiencia como un importante criterio más para su toma de decisión, pero no la única. Debemos aprender a ver como sufren las consecuencias de sus decisiones.

La pareja

Al hablar de pareja, me referiré al amor entre dos seres humanos. Debemos diferenciar entre atracción pasional y amor. La primera no podemos más que disfrutarla sin pensar que pueda convertirse en amor, bien está que si ocurriera sería perfecto. El amor persistente y duradero, entiendo que es una cuestión también intelectual. Deberá existir la necesidad de compartir, el orgullo de formar parte de la vida del otro y el deseo de mantener y avivar la relación. Desear estar enamorado y trabajar con placer por sentirse bien disfrutando de la felicidad de la pareja es garantía de perdurabilidad.
A veces, la confianza y la monotonía nos hace caer en la desidia, la pereza y la dejadez, siendo este el principal problema del deterioro de la pareja. Oí una vez “El amor es paciente y la pasión impaciente” Cuando decidimos amar, debemos ser conscientes de esta decisión para garantizar nuestro bienestar. Honradez, respeto y humildad son los tres pilares fundamentales de una relación sincera. Compartir con sinceridad lo bueno y lo malo produce una sensación de libertad maravillosa si se hace con honradez, con la verdad en los ojos. La relación que permite y reconoce que cada persona es independiente y de ellas solo se puede aprender a ver el mundo desde otro punto de vista, que extrema el respeto, proporcionará bienestar y la humildad, en todos los aspectos de la vida nos dejará ver el mundo como es, sin prejuicios. Y dentro del mundo, la propia pareja se hará fuerte y podrá vivir en armonía. Buscar un estado de felicidad es el objetivo de toda relación.