Reflexión sobre la conferencia de Eva Bach

Asistimos mi pareja y yo a una conferencia en mi pueblo que apuntaba un tema muy interesante, la educación emocional. Tras ella decidimos enviar a la ponente una carta que decía:

"Estimada Eva: 

En primer lugar y antes de nada queremos agradecerte la conferencia que celebraste el pasado día 25 ... en ....

Ahora queremos también, y esta es la razón de esta carta, comentar algunos puntos que, aunque tu tiempo no diera para más, ni a nosotros nos parecía ese el momento adecuado, creemos que merecen la pena profundizar en ellos.

Iniciaste con un comentario sobre el 20% que podíamos aprender, y nosotros no somos nadie para discutir esa teoría, pero creemos que el aprendizaje es algo más complicado de medir y más cuando hablamos de emociones. Sería más adecuado hablar de asimilación. Aprender es fácil; asimilar, que es entender, es algo más difícil. Cuando hablamos de sentimientos, en una conferencia sólo tenemos las palabras, y así, con este parco sistema de comunicación, transmitir conceptos sentidos es arduo difícil. Enseñó más sentimientos el abrazo que te dio Dña. Purificación al final de tu charla que todas las diapositivas con que nos deleitaste.

Al hilo del aprendizaje, tenemos que decir que nos sorprendió tu explicación humilde, en la que te presentabas como una mera transmisora de conocimientos, que sólo exponías lo aprendido en libros y estudios, expresados de una manera personal, esperamos que no solo sea eso, que en tu charla hubiera algo tuyo, algo personal. Lo aprendido sólo puede ser parte de un tamiz, o así creemos que debe ser. Los conocimientos son un vehículo de expresión que te permite formular mejor tus sentimientos, pero para hablar con contundencia hay que sentir. No sería lógico que nos dedicáramos sólo a resumir otros textos y contarlos. Eso puede valer para explicar física cuántica, pero no sentimientos. Nosotros podemos explicar a nuestros hijos que algo está mal o bien, pero para ello no recurrimos a nuestro aprendizaje intrínseco, si no a nuestra experiencia sentimental, es decir les explicamos que algo está mal o bien porque según nuestras creencias y análisis, puede perjudicar su presente o su futuro. Ellos no entenderán jamás lo que les contamos, sólo tendrán un dato, con toda la garantía de honradez que proporciona el cariño, para sumar a su libre criterio de decisión. Para aprender hay que sentir.

Otro tema que trataste con énfasis hablaba de reconocerse incoherente cuando se piensa que el resto del mundo es el que está mal. En eso no podemos estar de acuerdo. La mayoría de la humanidad es egoísta y nosotros no, la mayoría respira prejuicios y los interpone en sus decisiones y nosotros menos, muchísimas personas son envidiosas y nosotros no. No podemos pensar que en la generalidad está la normalidad.

Creemos que sería honrado, al contrario de lo que tú expusiste, darse al prójimo sin coraza, sin las hojas de la cebolla y cuando sientas que hay que vestirse, que hay algo de qué defenderse, dejar de tratar a quien no tiene el valor de mostrarse como es. Cansados estamos de enseñarles a nuestros hijos a ser quien son, a no disfrazarse de lo que la sociedad quiere ver en ellos, a no crear una mentira social con el fin de conseguir pertenecer a un grupo determinado. Es un millón de veces más satisfactorio sentirse libre y rodearse de la gente que te quiere por cómo eres antes que rodearte de quien te quiera por lo que pareces. Sabemos que esto hace que en ocasiones se sientan solos por parecer diferentes como nosotros nos encontramos y no por deseo de rechazar la amistad si no por permitir únicamente sentimientos verdaderos y desdeñar la falsedad. Las corazas que nos ponemos durante toda nuestra vida son las distorsiones que no nos dejan vernos ante el espejo. Desde que nacemos, por culpa de esta contagiosa sociedad mentirosa y consumista, vamos creando un personaje cargado de arquetipos, de intentos de superación y con imperativa necesidad de ser reconocidos, tanto que no nos permite contestar con humildad y sinceridad a nuestras propias preguntas vitales. Hemos observado en la gente como son esclavos de sus propias mentiras durante toda su vida. La única manera de empezar a sentir, de ser felices de corazón, sería empezando de cero. Es decir, no dar por bueno nada de lo que sabemos o mejor dicho de lo que sentimos, pues la mayoría de los sentimientos son el resultado de una interpretación personal vista con el filtro de sentimientos anteriores y mal analizados; cada vez que asentamos un “principio” estamos perdiendo el valor de utilizar las futuras experiencias en su constitución. Cada vez que sabemos más, deberíamos poder empezar a reflexionar sobre cómo hemos interpretado los acontecimientos pasados que han forjado nuestro ser y sentir.

Creemos que de las personas que asistieron a tu conferencia, no hubo ni un 0,2% que aprendiera algo. Puede ser que alguno haya comprado algún libro tuyo para aumentar su pedantería y erigirse en amplio conocedor de tus teorías, que, como bien dijiste no son tuyas. Pero aprender… ser capaces de asimilar el significado de la inteligencia emocional… muy pocos o ninguno. Las personas y por supuesto en este pueblo, nadie es quien dice ser y todos alardean de quien son. Nadie se comporta como es si no como les gustaría ser. Claro que si este comportamiento fuera un ejercicio conductivista, estaría bien, pero no es más que un desorden de personalidad, una desaprobación o “desaceptación” de su propio ser, sentir y vivir.

Todo esto que aquí te contamos no lo hemos aprendido de ningún libro, es un sentimiento mal expresado construido durante toda nuestra vida, actualizado al día de hoy y que probablemente sólo sea un error del alma o de la mente, pero nos permite vivir una libertad y una felicidad inconmensurable que al fin y a la postre es nuestra razón de ser.

En ocasiones, las personas se hacen esclavas de sus propios conocimientos

Un abrazo con nuestros mejores deseos de que tengas una feliz vida.

PD.

Nos gustaría, que cuando vengas por ... a visitar a tu familia, nos llamaras y quedamos a comer si te apetece, así podríamos hablar y sentir más profundamente."

A lo que ella responde a través de su asistente.

"Estimados Sr. ... y Sra. ...:

La Sra. Bach les da las gracias por asistir a su conferencia y por las apreciaciones que le transmiten en su extenso correo.

A pesar de que no dispone del tiempo necesario para entrar en pormenorizaciones sobre ellas, les hace saber que merecen su respeto y consideración.

También me comenta que le encantó su pueblo y que se llevó una grata impresión de sus gentes.

Reciban un saludo muy cordial de su parte:

Matilde Belmonte

Assistant to Eva Bach "

Que pena que cosas tan interesantes como esta se dejen en manos de la formalidad. Su respuesta da la impresión de que ni tan siquiera ha leido su contenido. Está tan ocupada que no tiene tiempo de vivir. Aun así reiteramos el ofrecimiento de venir un día a comer.